Green and Gray

Nuestra historia

De los vestidos de novia al hormigón

Antes de ensuciarme las manos con hormigón y arena volcánica, mi mundo era distinto. Soy diseñadora, y durante años me dediqué a crear vestidos de novia. Estaba inmersa en las sedas, los tules y en acompañar ese momento suave, hermoso y trascendental que es dar el "sí". Pero entregué mi último vestido justo cuando empezó la pandemia, y algo hizo clic: quise pasar a la otra cara de la moneda. Quería enfocarme en lo que pasa después, cuando llegas a tu casa y necesitas rodearte de objetos hermosos que te generen bienestar, piezas que te hagan sentir que te mereces un espacio lindo todos los días.

Retrato · la diseñadora en su taller

En ese tiempo buscaba macetas para mis plantas y todo era carísimo. Me acordé de unos intentos fallidos que había hecho con cemento un año atrás —incluyendo un cenicero que parecía un Cuasimodo—, pero sentía que el material tenía potencial. Justo para el Día de la Mamá, Gabriel me regaló un curso online de hormigón. Al día siguiente partí con mi hermana a Sodimac jurando que nos haríamos millonarias haciendo macetas. La realidad nos pegó de golpe: los materiales del curso no existían acá y nadie nos podía orientar. Así, a pura intuición y porfía, empezó este camino.

Los primeros meses fueron puro ensayo y error. Pasamos por cosas absurdas, como tener que "depilar" macetas con un soplete porque las fibras de refuerzo las dejaban como cactus, o usar globos de agua y tintes para látex. Pero mi ojo de diseñadora no me dejaba conformarme con un acabado rústico o industrial; yo quería que mis piezas tuvieran el nivel de una galería de arte. Me puse a estudiar, a leer papers de construcción y a entender el hormigón desde adentro.

Además, quería darle una identidad nuestra, así que empecé a mezclar el cemento con arena volcánica de Pucón y piedras de río. Tras un año entero de pruebas constantes y de buscar ese pulido al agua perfecto a mano, logré mi sello: transformar un material áspero en una superficie noble, densa y sedosa al tacto, naciendo así mi línea "Manto Volcánico".

Materia prima · arena volcánica de Pucón y piedras de río
Proceso · manos puliendo al agua

Línea de autor

Manto Volcánico

La identidad de la línea empieza en la mezcla: le pongo arena volcánica de Pucón y piedras de río, material del sur dentro de cada pieza. Sobre esa base viene el curado experimental a fuego directo: el humo entra en la superficie porosa y deja vetas que no puedo planificar.

De ahí salieron los cuatro tonos con los que trabajo hoy. Cada uno es un punto distinto del mismo proceso, no un pigmento agregado al final.

Proceso · el torno en frío en uso

Con el tiempo necesité hacer piezas más grandes. Pensé que había llegado a mi techo técnico, porque trabajar con contramoldes gigantes era imposible. Además, soy mamá, y para mí es intransable estar presente en casa para mi hijo; quería profesionalizar mi marca, pero no a costa de dejarlo solo. Cuando ya estaba por rendirme, Gabriel me ayudó a armar un torno en frío, una técnica que casi no se ve acá. Empezamos a darles forma a las piezas usando cerchas y tablitas, sin moldes tradicionales. Fue un proceso de mucha frustración, pero logramos sacar un jarrón de un metro de alto a pura garra y aprendizaje.

Ese jarrón lo cambió todo. Me hizo entender que mi camino debía evolucionar: dejé de lado las piezas pequeñitas de venta masiva para dedicarme de lleno a las obras de autor y al gran formato, para que cada pieza se valore realmente por el trabajo y el diseño que tiene detrás. Hoy me enorgullece el nivel de mi estudio en Temuco, pero me enorgullece aún más ver a mis alumnas lograr estos mismos acabados. En mis talleres te entrego todo ese año de frustraciones resumido en un método ordenado y real. Si yo pude pasar de coser vestidos de novia a levantar un jarrón de hormigón de un metro, te aseguro que tú también puedes aprender a domar este material.

Obra · el jarrón de un metro de alto